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El desayuno ya no cuesta lo mismo

La inflación anual en Lima Metropolitana cerró junio de 2026 en 4,01%, según el INEI, con los desayunos en restaurantes acumulando una subida de 0,9% solo en el último mes, obligando a vendedores y consumidores a reajustar sus rutinas matutinas

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La mesa de siempre, al precio de hoy. Los puestos de desayuno en mercados populares de Lima son los primeros en absorber el alza de insumos básicos. Muchos vendedores optan por reducir porciones antes que subir el precio para no perder clientela.

El INEI confirmó que en junio de 2026 los huevos de gallina registraron un alza de 4,5%, uno de los incrementos más significativos dentro de la canasta familiar del mes. El dato no sorprende a quienes venden desayunos: el huevo es el insumo que más rápido traslada la presión del mercado mayorista al precio del plato servido. Cuando sube el huevo, sube con él el tamal, el pan de yema, la tortilla, el revuelto. Es decir, sube el desayuno entero. La inflación acumulada en Lima Metropolitana al cierre del primer semestre de 2026 llegó a 3,79%, y la anualizada entre julio de 2025 y junio de 2026 alcanzó el 4,01%, superando el límite superior del rango meta del Banco Central de Reserva, fijado entre 1% y 3%. De los 586 productos que componen la canasta familiar, 308 subieron de precio solo en junio. El desayuno estaba entre ellos.

Precio nuevo, cliente de siempre. Los precios de los desayunos en restaurantes y puestos de Lima subieron 0,9% solo en junio de 2026, según el INEI. Para los vendedores de menor escala, el ajuste implica una decisión que ninguna estadística resuelve: subir el precio o reducir la porción.

El huevo de gallina subió 4,5% en junio y arrastró consigo al tamal, al pan de yema, a la tortilla y al revuelto: en los puestos de desayuno de los mercados populares de Lima, la inflación no llega como un dato del INEI sino como la decisión de si el huevo va entero o partido. La inflación acumulada en Lima Metropolitana al cierre del primer semestre de 2026 llegó a 3,79%, y los vendedores de desayuno la sienten antes de que cualquier economista la mida.

El ajuste llega de dos maneras, y ninguna es cómoda. La primera es subir el precio y arriesgarse a perder clientes que tienen opciones más baratas a media cuadra. La segunda es mantener el precio y reducir la porción, lo que el cliente nota aunque no siempre lo diga. Entre ambas, muchos vendedores optan por una mezcla: una ligera suba combinada con una reducción discreta del tamaño del pan o del número de huevos. Es una negociación silenciosa que ocurre cada mañana en miles de puestos de Lima, sin titulares y sin acuerdos formales, pero con consecuencias concretas en la mesa de quienes menos margen tienen para absorber cualquier variación. El INEI lo mide en décimas de punto porcentual. En los mercados populares se mide si el huevo va entero o partido.

De: Ellías Menacho

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