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La plata detrás del gallo

El caso de ´Mi gallo es el chancho´ abre cuestionamientos sobre el uso del financiamiento público directo que reciben las organizaciones políticas

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Protagonistas. Rafael López Aliaga y Pancho de Piérola quedaron en el centro de la polémica por la publicación de Mi gallo es el chancho. Composición: Redacción Diario La Otra Cara.

Hay libros que nacen de una investigación, otros de una experiencia personal y algunos de una necesidad política. Mi gallo es el chancho parece pertenecer a una categoría mucho más incómoda: una publicación financiada con recursos públicos que terminó convertida en un relato alrededor de Rafael López Aliaga.

La Unidad de Investigación de Latina reveló que Renovación Popular destinó 6400 dólares del financiamiento público directo para contratar a Francisco “Pancho” de Piérola con el objetivo de elaborar la “Historia del partido”. El resultado fue un libro digital de unas 40 páginas centrado en la figura de López Aliaga.

La primera grieta

El problema apareció cuando la ONPE revisó el gasto. El organismo señaló que el trabajo no reunía elementos propios de una investigación: no contaba con bibliografía, metodología, informes de avance ni un plazo de entrega sustentado. Además, cuestionó que De Piérola no acreditara la experiencia investigadora requerida para ese encargo.

La diferencia entre lo contratado y lo entregado resulta clave. Renovación Popular pagó por una historia partidaria, pero el producto terminó concentrado en López Aliaga. La propia fiscalización electoral cuestionó que aquello pudiera considerarse una investigación sobre problemas nacionales o regionales.

Ahí aparece la pregunta que trasciende al libro: ¿para qué se utiliza el financiamiento público que reciben los partidos?

Un elogio con forma de libro

La lectura del texto tampoco ayuda a despejar las dudas.

Desde sus primeras páginas, De Piérola construye un relato marcado por su cercanía con López Aliaga. El propio libro comienza con un encuentro entre ambos y presenta al político desde una mirada personal, con abundantes referencias a su carácter y a sus gestos cotidianos.

El problema no está en escribir una biografía favorable. Un autor puede admirar a su personaje y construir un relato desde esa perspectiva. El conflicto aparece cuando ese trabajo recibe financiamiento público bajo la categoría de investigación o formación partidaria.

Entonces, la discusión deja de ser literaria.

Pasa a ser política.

Insólito. Una de las frases más llamativas del libro relata un momento íntimo de López Aliaga y resume el particular tono de la publicación. Fuente: Mi gallo es el chancho

La plata sí importa

Existe una idea que aparece en medio de la polémica: una vez que el dinero llega al partido, deja de ser dinero público y pasa a ser patrimonio de la organización.

Pero esa explicación pierde fuerza cuando se revisa el origen de los recursos.

El financiamiento público directo existe para fortalecer determinadas actividades partidarias, entre ellas la formación, capacitación e investigación. La fiscalización de la ONPE parte justamente de esa finalidad. Por eso, que un partido reciba legalmente esos fondos no significa que pueda destinarlos a cualquier actividad que considere conveniente.

El dinero cambia de manos, pero no cambia automáticamente de naturaleza.

Ese es el centro del debate.

No fue un caso aislado

El episodio tampoco apareció solo.

Perú Libre afrontó una observación similar por Antología romántica: Así habla el corazón perulibrista, una publicación de carácter literario que involucró a militantes del partido. El proyecto alcanzó S/31.383 entre un taller literario y la impresión del libro. La ONPE concluyó que tanto el taller como la publicación tenían un contenido predominantemente artístico y literario, por lo que no correspondían a los fines del financiamiento público directo.

Incluso la Biblioteca Nacional registra la publicación de 2025 como una antología de poesía peruana editada por Bertha Rojas López.

Dos partidos. Dos libros. Dos estilos completamente distintos.

Pero una misma pregunta sobre la mesa.

Antecedentes. Perú Libre y Renovación Popular también aparecen en la polémica por el uso de fondos públicos para publicaciones partidarias. Fuente: Latina Noticias

El verdadero sacrilegio

Puede resultar tentador reducir todo a una colección de memes sobre un libro extraño, sus referencias a Inca Kola, Yoda o las particularidades de López Aliaga.

Y sí, el contenido puede provocar más de una sonrisa.

Pero convertir el caso únicamente en una burla literaria sería quedarse en la superficie.

El verdadero problema está en que el Estado entrega recursos para fortalecer la actividad política y luego esos recursos terminan bajo observación por financiar publicaciones que no cumplen con ese objetivo.

La calidad literaria puede discutirse. La finalidad del gasto, no tanto.

Un partido político no necesita convertir cada publicación en propaganda, pero tampoco debería disfrazar de investigación aquello que termina funcionando como una pieza de promoción de uno de sus principales dirigentes.

La responsabilidad pendiente

También existe una dimensión periodística.

Un comunicador puede trabajar para un partido político. Lo que resulta más delicado aparece cuando después debe ejercer una mirada crítica sobre esa misma organización. La independencia no desaparece necesariamente por recibir un encargo, pero la relación económica sí genera un evidente conflicto de interés que debe transparentarse.

Y aquí aparece otra pregunta incómoda: ¿qué distancia puede conservar un periodista frente a una organización que le pagó miles de dólares para construir un relato sobre uno de sus líderes?

Más aún cuando ese relato termina bajo cuestionamiento electoral.

El gallo y la cuenta

Mi gallo es el chancho terminó convertido en una anécdota política. Su título, sus ´elogios´ y la peculiaridad de algunos pasajes hicieron que la publicación encontrara rápidamente un espacio en la conversación pública.

Pero detrás de la mofa existe algo mucho menos divertido.

US$6.400 destinados a un libro que la ONPE cuestionó como gasto de investigación.

Y, en otro partido, más de S/31 mil destinados a una publicación literaria también observada por el organismo electoral.

Tal vez la discusión más importante no sea si Mi gallo es el chancho es un buen o mal libro.

La pregunta es mucho más sencilla:

¿Por qué los partidos utilizan dinero público para financiar obras que no parecen responder a la finalidad para la que ese dinero fue entregado?

Ahí termina la literatura.

Y empieza la política.

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