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La deuda del transporte

La llegada de la tuneladora Micaela a Carmen de la Legua marca el final de la excavación ramal de la Línea 4, pero persisten desafíos para poner en marcha la infraestructura

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Lejano. La primera piedra de la Línea 2 fue colocada el 29 de diciembre del 2014. Fuente: MTC

La construcción del Metro de Lima y Callao alcanzó un nuevo hito el 22 de octubre, con la llegada de la tuneladora Micaela a la estación Carmen de la Legua. El acontecimiento marcó la culminación de las excavaciones de la Línea 2 y del ramal de la Línea 4, un avance clave para el desarrollo del primer metro subterráneo del país. Sin embargo, el reto ahora consiste en completar las obras pendientes y acelerar la puesta en servicio de una infraestructura que miles de ciudadanos esperan desde hace años.

La Línea 2 y el ramal de la Línea 4 comprenden 35 kilómetros de recorrido y 35 estaciones en conjunto. De ellas, 27 corresponden a la Línea 2 y ocho al ramal de la Línea 4, que conectará distintos sectores del Callao mediante un sistema ferroviario subterráneo. Según las proyecciones oficiales, el proyecto beneficiará a aproximadamente 2,5 millones de habitantes y podrá movilizar alrededor de 660.000 pasajeros diarios cuando opere en su totalidad.

Carmen de la Legua, una conexión clave

Uno de los puntos más importantes del ramal de la Línea 4 será la estación Carmen de la Legua, donde se establecerá una conexión subterránea con la Línea 2. Este intercambiador permitirá que los usuarios realicen transbordos sin salir de la infraestructura y facilitará los desplazamientos entre el Callao y otros sectores de Lima, incluidos los distritos ubicados hacia el este de la capital.

La conexión representa una oportunidad para mejorar los viajes de quienes residen en Bellavista, Carmen de la Legua y otras zonas cercanas al puerto del Callao. De acuerdo con el Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC), la estación podría movilizar a más de 24.000 pasajeros durante la hora punta. Asimismo, la conexión entre ambas líneas permitirá recorrer el trayecto del Callao a Ate en aproximadamente 40 minutos, según las estimaciones oficiales.

La culminación de las excavaciones también merece un reconocimiento especial al trabajo de ingeniería. La tuneladora Micaela recorrió más de siete kilómetros hasta Carmen de la Legua y completó una etapa de gran complejidad técnica. Estas máquinas cumplen una labor fundamental en la construcción de túneles urbanos, donde las condiciones del terreno y la presencia de agua subterránea exigen planificación, precisión y medidas de seguridad rigurosas.

El logro demuestra que el país puede avanzar en obras subterráneas de gran envergadura. No obstante, la culminación de los túneles constituye solo una parte del proyecto: todavía se necesitan trabajos civiles, instalaciones electromecánicas, sistemas ferroviarios y otras labores para que la infraestructura funcione de manera integral.

Sin obra lista

Aunque la culminación de las excavaciones representa una noticia positiva, el avance debe evaluarse junto con los trabajos que aún faltan. A octubre de 2026, la Línea 2 y el ramal de la Línea 4 registran un avance físico acumulado de 81,27%, según Ositrán. En el caso específico del ramal, las obras civiles y de arquitectura alcanzan el 65%, mientras que las instalaciones electromecánicas llegan al 13%. Estas cifras evidencian que el final de la excavación no equivale a la culminación del proyecto.

A esta situación se suman las dificultades para concretar la interconexión entre la Línea 1 y la Línea 2, en el entorno de las estaciones Gamarra y 28 de Julio. La falta de una solución definitiva para el intercambio de pasajeros ha generado dos alternativas con plazos diferentes.

La primera contempla la construcción de la infraestructura necesaria para el transbordo directo entre ambas líneas, con una proyección de puesta en operación integral de la Línea 2 para marzo de 2032. La segunda propone una conexión peatonal entre las estaciones, con un recorrido aproximado de 300 a 400 metros para los usuarios, y plantea la puesta en operación de la etapa 1B para junio de 2029 y la operación integral de la Línea 2 para septiembre de 2030. Estas fechas corresponden a propuestas sujetas a definiciones contractuales, no a plazos definitivos garantizados.

La disyuntiva refleja uno de los principales problemas de la infraestructura de transporte en Lima: las dificultades para coordinar el diseño, la ejecución y la conexión entre distintos proyectos. Una estación puede estar avanzada, pero su utilidad para los ciudadanos depende también de que existan accesos adecuados y conexiones funcionales con otros servicios.

Neurálgica. La Victoria tendrá seis estaciones de metro al culminar los trabajos de la Línea 2, tres de la L1 y 3 de la L2. Fuente: Andina

Por ello, la discusión no debería limitarse a escoger entre una obra más rápida y otra más completa. Las autoridades y las empresas responsables deben evaluar las consecuencias de cada alternativa para los pasajeros, con información transparente sobre los costos, los plazos y las condiciones de cada solución. La prioridad debe ser ofrecer un sistema seguro, accesible y eficiente, sin prolongar las demoras por falta de coordinación.

Lima necesita un transporte integrado

La Línea 2 y el ramal de la Línea 4 forman parte de un desafío mayor: construir una red de transporte en la que el metro, el Metropolitano y los corredores complementarios funcionen de manera articulada. La utilidad de estas infraestructuras no depende únicamente de su extensión, sino también de las facilidades que ofrecen para cambiar de servicio y llegar a distintos puntos de la ciudad.

En esa línea, la conexión de la Línea 2 con el Metropolitano en la estación Grau constituye otro avance relevante para la movilidad urbana. A ello se suman las futuras mejoras del Metropolitano, la habilitación de estaciones pendientes y los proyectos viales destinados a facilitar los desplazamientos por la capital. Cada intervención puede aportar beneficios, siempre que exista coordinación entre las entidades responsables y una planificación que considere las necesidades reales de los usuarios.

Lima necesita que sus sistemas de transporte dejen de funcionar como proyectos aislados. Una red integrada permitiría aprovechar mejor las inversiones, reducir los transbordos innecesarios y ofrecer alternativas frente a la congestión y las dificultades del transporte público convencional.

El avance de la Línea 2 y el ramal de la Línea 4 demuestra que es posible completar etapas importantes de una obra compleja. Sin embargo, el siguiente paso exige la misma determinación para terminar las instalaciones pendientes, resolver los problemas de interconexión y establecer cronogramas realistas.

La ciudadanía no necesita únicamente anuncios de nuevas estaciones o túneles culminados, sino servicios que pueda utilizar en su vida cotidiana. Por ello, el MTC, las entidades competentes y las empresas concesionarias deben priorizar la coordinación técnica, la eficiencia en la ejecución y el cumplimiento de los compromisos. La meta no consiste solo en construir más kilómetros de metro, sino en conseguir que cada obra contribuya a una ciudad mejor conectada, con viajes más rápidos y condiciones más dignas para sus habitantes.

Falta nada. La obra de interconexión L1 – Metropolitano se prevé que esté lista para finales de 2026. Fuente: Andina

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