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La Euro del rey silencioso

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Pragmático. Portugal ganó la Euro con un balance de 9 goles a favor y 5 en contra. Fuente: Goal.com

En el fútbol, no siempre gana el mejor equipo. A veces basta con resistir, golpear en el momento justo y entender que los torneos cortos también premian la paciencia. Hace diez años, Portugal conquistó la Eurocopa 2016 y levantó el trofeo más importante de su historia con un equipo lejos de la espectacularidad, pero cerca de la eficacia.

No fue una selección descollante. Tampoco enamoró desde el juego. Sin embargo, aquel grupo dirigido por Fernando Santos encontró algo más valioso: competitividad. Mientras otras selecciones brillaban, Portugal sobrevivía. Mientras los favoritos asumían el peso de la presión, los lusos avanzaban sin hacer demasiado ruido. El resultado final quedó en la historia: el primer gran título internacional del país.

Un campeón improbable

Portugal no empezó la Eurocopa como candidato principal. Su camino tampoco resultó dominante. En fase de grupos, empató sus tres partidos ante Islandia, Austria y Hungría, una situación que incluso sembró dudas sobre el verdadero nivel del equipo. Aun así, clasificó a octavos de final como uno de los mejores terceros, una condición inédita para un futuro campeón del torneo.

La selección portuguesa mostró una identidad distinta a la de generaciones anteriores. Lejos del vértigo ofensivo o del talento exuberante de otras épocas, apostó por el orden, la paciencia y la resistencia. Ganó partidos cerrados, sobrevivió al tiempo extra y encontró respuestas en momentos donde otros equipos se quebraban.

En el camino eliminó a Croacia, Polonia y Gales, este último rival en semifinales con un sólido triunfo que tuvo como protagonista a Cristiano Ronaldo. El entonces delantero del Real Madrid apareció con un gol clave y asumió el liderazgo de un plantel que parecía crecer a medida que avanzaba la competición.

Francia y la copa perdida

Al otro lado del cuadro apareció Francia, el favorito natural. Jugaba en casa, tenía una plantilla profunda y contaba con el futbolista más determinante del campeonato: Antoine Griezmann. El atacante del Atlético de Madrid firmó una Eurocopa brillante, con seis goles y dos asistencias, cifras que lo llevaron a convertirse en el máximo goleador y mejor jugador del torneo.

Los franceses parecían tener el escenario ideal para levantar el trofeo. Habían superado rivales de peso y llegaban a la final con el respaldo de su público. El Stade de France se preparó para una fiesta que parecía escrita de antemano.

Pero el fútbol rara vez sigue un libreto predecible.

Cual ave fénix . Francia conquistó la Copa del Mundo del 2018, dos años después de perder la final de la Euro. Fuente: Reuters

El héroe inesperado

La final quedó marcada por una imagen imborrable: Cristiano Ronaldo abandonó el campo lesionado apenas en el primer tiempo tras un fuerte golpe en la rodilla. Entre lágrimas, el capitán portugués dejó el partido cuando muchos pensaban que las opciones de Portugal desaparecían junto con él.

Sin su máxima estrella en cancha, el equipo resistió. Francia tuvo ocasiones claras, pero no encontró precisión. Portugal aguardó su momento.

Ese instante llegó en el tiempo suplementario. Éder, un delantero sin demasiados reflectores y cuestionado durante buena parte de su carrera, recibió fuera del área y sacó un remate cruzado imposible para Hugo Lloris. El balón ingresó al arco francés y Portugal encontró el gol más importante de su historia.

El héroe no fue Cristiano. Tampoco una figura consagrada. Fue un futbolista que quedó inmortalizado por un solo remate.

Estrellato fugaz. Éder colgó las botas en julio de 2022 a los 35 años de edad. Fuente: AFP

El antes y el después de Portugal

A diez años de aquella conquista, la Eurocopa de 2016 se entiende mejor desde la distancia. No fue el torneo más brillante ni el campeón más dominante, pero sí el punto de quiebre del fútbol portugués.

Antes existieron generaciones talentosas lideradas por Eusébio, Luís Figo o Rui Costa, equipos que dejaron huella, pero nunca pudieron levantar un gran trofeo. Portugal convivió durante décadas con la sensación de quedarse cerca.

El título en Francia rompió esa barrera. Desde entonces, la selección portuguesa dejó de sentirse una promesa y empezó a comportarse como una potencia competitiva. Llegaron nuevos nombres, como Vitinha, Nuno Mendes, Rafael Leão o João Neves, futbolistas que crecieron con la imagen de Portugal campeón.

La Nations League amplió el palmarés, pero la Eurocopa permanece en un lugar distinto. Representó el momento donde un país acostumbrado a rozar la gloria finalmente la alcanzó.

Portugal quizá no ganó la Euro más brillante de la historia. Pero sí la más importante de la suya.

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