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“Lo sentí antes de que pasara”: Renato Landívar y la intuición que anticipó el tricampeonato de la U

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La tarde en Tarma aún tenía ese brillo áspero que cae de costado, iluminando el polvo que se levanta cuando un estadio respira nervioso. En las tribunas, miles de camisetas crema agitaban el aire como si quisieran empujar el destino con las manos. El 1-0 a favor de ADT había caído como un balde de agua fría sobre la multitud, pero nadie se movía de su lugar. Había tensión, sí, pero también algo parecido a una fe que no necesita explicación.

En medio de ese calor, de esa vibración colectiva, estaba Renato Landívar, a ras de cancha, mirando un partido que parecía querer escaparse de las manos. Días después nos reunimos para hablar del tricampeonato, pero antes de empezar a grabar, él soltó una frase que marcó la conversación:

—Ese día lo sentí. Lo juro. Lo sentí antes de que pasara.

Encendí la grabadora y dejamos que la historia fluyera.

Bajo la luz dorada que cae sobre la cancha, Renato Landivar guarda en la mirada el instante en que entendió que el tricampeonato no era destino, sino una convicción compartida.

—¿Qué viste en Tarma que los demás no estaban viendo?

Renato se ríe, pero enseguida se pone serio.
—Cuando ADT mete el gol, un colega me dice: “Ya por gusto hemos venido”. Pero yo miro a los jugadores de ADT y los veo cansados, pesados. A la U la veo viva. Entonces le digo: “Ahorita va a voltear”. No era ciencia. Era intuición pura. Y cuando voltean… sentí que había visto la primera pieza del tricampeonato encajar.

Mientras habla, hace un gesto con la mano, como si pudiera volver a tocar el aire de ese momento.

—Hablas de que este tricampeonato se construyó mucho antes. ¿Dónde empieza realmente?

—En la planificación —dice sin dudar—. Eso es lo que la gente no ve. Esto no empezó con Fossati, aunque él fue determinante. Empieza con Compagnucci y sigue con una idea clara: la U tiene que volver a competir. Después llega Fossati y esa idea se vuelve identidad. Cuando él se va a la selección, Bustos no toca el sistema. Lo respeta. Y cuando Bustos se va, el plantel pide que vuelva Fossati. Eso no pasa en este país. No pasa nunca.

Su voz tiene la convicción de alguien que ha visto de cerca procesos que se desmoronan por mucho menos.

—¿Cuánto pesó el sistema táctico en esta gesta?

—Muchísimo. La U es equipo de línea de tres. Cuando intentaron jugar con cuatro, el equipo quedó expuesto: Riveros, Di Benedetto, todos sufrieron más. Con línea de tres que se vuelve cinco, el equipo se siente protegido. Y eso te sostiene durante tres años.

—Y en lo emocional, ¿qué momento marcó al plantel?

La respuesta sale inmediatamente.

—La jugada de Santa María contra Palmeiras. Eso fue en la Copa Libertadores, la vuelta. Una tarde durísima, Palmeiras iba a meter el gol y Santa María hace ese cierre imposible. Ese instante cambia todo. Lo miras y entiendes que ese chico está en otro nivel.

Hace una pausa breve.

—Ahí Fossati decide sentar a Corzo. No por castigo, sino porque el fútbol es ciclos. Y el equipo lo sintió. Ese momento refrescó a la U.

—Hablabas también del manejo de grupo. ¿Cuál es la clave ahí?

—La coherencia. Y Fossati la tiene. Bustos intentó mantenerla, pero en un punto la relación ya no daba más. Cuando vuelve Fossati, lo hace porque los jugadores lo quieren ahí. Y cuando un plantel respalda así, las cosas fluyen.

—¿Qué tuvo la U que no tuvo su rival directo, Alianza Lima?

—Identidad.
Sin dudar.
—Alianza tuvo más presupuesto, pero nunca tuvo un once claro. La U sí. Y cuando movías una pieza, el equipo seguía funcionando. Eso no es suerte. Eso es trabajo. Es saber a qué juegas.

—¿Cómo se vive un tricampeonato desde la orilla del periodismo? ¿Qué se siente?

Renato mira al suelo, sonríe como quien recuerda algo que no quiere exagerar.

—Se siente que estás mirando historia. No solo fútbol. Historia. Un equipo que se reinventa, que cambia de técnico, que ajusta piezas, que aprende a sufrir… y aun así gana. Eso no lo ves todos los días.

—Una frase final para resumir la gesta crema.

Levanta la mirada y la dice sin rodeos, como si hubiera estado guardada desde el primer día:

—La U ganó por planificación, no por suerte. Eso es todo.

 

De: Carlos Sevilla

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