
La estabilidad económica no es un concepto abstracto, es una condición que define el día a día de millones de personas. En un país como el Perú, marcado por crisis políticas, cambios constantes de gobierno y tensiones sociales, sostener un rumbo económico claro ha sido una tarea compleja. En ese escenario, contar con una figura técnica sólida al frente del Banco Central de Reserva del Perú ha representado una garantía silenciosa que pocos países de la región pueden presumir.
En ese contexto aparece Julio Velarde, un economista que ha logrado trascender gobiernos, ideologías y coyunturas. Su reciente condecoración con la Orden del Sol del Perú no solo reconoce una trayectoria técnica, también refleja el respeto y hasta el agradecimiento de un país que, pese a todo, ha logrado mantener estabilidad en sus principales indicadores.
De los inicios
La llegada de Velarde al BCRP no se dio en un momento cualquiera. Fue durante el segundo gobierno de Alan García, una figura cuya primera gestión dejó una profunda crisis económica marcada por hiperinflación y desconfianza. Asumir el control de la política monetaria en ese contexto implicaba enfrentar un pasado reciente complicado y reconstruir credibilidad tanto dentro como fuera del país.
El reto principal consistía en consolidar una inflación baja y estable, además de generar condiciones para reducir la pobreza. La tarea no era menor. Se trataba de ordenar expectativas, fortalecer la institucionalidad y garantizar que la economía no volviera a los excesos del pasado. Desde el inicio, Velarde entendió que su rol no solo era técnico, sino también estratégico.

Peso económico
Bajo su liderazgo, el Perú se consolidó como una de las economías más estables de América Latina. El país ha mantenido un crecimiento sostenido durante largos periodos, con un producto bruto interno que supera los 250 mil millones de dólares. Este desempeño ha permitido ubicarlo entre las principales economías de la región, incluso en medio de contextos internacionales adversos.
La estabilidad macroeconómica no solo se refleja en cifras de crecimiento. El control de la inflación ha sido uno de los pilares de su gestión. En noviembre de 2025, el Perú registró una inflación interanual de 1,4%, una de las más bajas de la región. Este resultado no es casual, responde a una política monetaria prudente y consistente que ha logrado anclar expectativas en mercados muchas veces volátiles.
Además, el país se ha convertido en un destino atractivo para la inversión extranjera, especialmente en sectores como minería y agricultura. La confianza en la conducción económica ha sido clave para este posicionamiento. En un entorno latinoamericano marcado por la incertidumbre, el caso peruano destaca como una excepción sostenida en el tiempo.
Inamovible
Pocos cargos en el Estado peruano han mostrado la continuidad que ha tenido Velarde. A lo largo de distintos gobiernos, con presidentes de perfiles e ideologías diversas, su permanencia ha sido casi inalterable. Esta estabilidad contrasta con la alta rotación que caracteriza a otras instituciones públicas.
Esa permanencia no responde al azar. Se sostiene en una reputación construida sobre resultados, independencia técnica y una imagen de transparencia. En un país donde la desconfianza hacia la clase política es alta, figuras como Velarde logran posicionarse como referentes de gestión eficiente y compromiso institucional.
Legado
Pensar en el futuro del BCRP implica, inevitablemente, pensar en el vacío que dejará Velarde. Su salida marcará el fin de una etapa en la que la estabilidad económica tuvo un rostro claro. El desafío para su sucesor será mantener esa línea sin perder credibilidad ni consistencia.
Velarde ha dejado abierta la posibilidad de seguir contribuyendo si el país lo requiere, aunque también resulta evidente que su ciclo se acerca a un cierre natural. Su legado no solo se medirá en cifras, sino en la institucionalidad que ayudó a consolidar. Reemplazarlo no será sencillo. Porque, en términos económicos y simbólicos, Velarde hay uno solo.

De: Rodrigo Huertas






