
El clima en el Perú nunca ha sido un asunto menor. La relación entre el océano Pacífico y la costa sudamericana define el comportamiento de lluvias, temperaturas y vientos. Cuando esa relación cambia, el país entero lo siente. El fenómeno de El Niño vuelve a aparecer en el calendario climático nacional y recuerda una realidad conocida: cada cierto tiempo el mar se calienta, las lluvias se alteran y las consecuencias alcanzan ciudades, campos y carreteras.
En los últimos meses, el aumento de la temperatura superficial del mar frente al litoral peruano encendió las alertas de especialistas. Informes del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología del Perú indican que el evento podría consolidarse a lo largo de 2026, con lluvias intensas en la costa norte y temperaturas superiores a lo habitual en varias regiones del país. Incluso un episodio de intensidad débil puede provocar impactos importantes en zonas vulnerables.
Mal momento
El problema no radica solo en la naturaleza. El Niño encuentra al Perú en un contexto complejo. La inestabilidad política, las crisis institucionales y las tensiones sociales han marcado los últimos años. En medio de ese escenario, el fenómeno climático apareció casi en silencio. Al inicio se habló de vigilancia y de un posible evento débil. Con el paso de las semanas, los reportes empezaron a mostrar un panorama más preocupante.
Las lluvias en la costa norte, el aumento del calor en el sur y los cambios en el comportamiento del mar confirmaron que el proceso ya estaba en marcha. Las advertencias del sistema de monitoreo climático del país señalaron que las precipitaciones podrían superar los valores normales en varias zonas durante el verano. Mientras el debate político ocupaba titulares, el fenómeno avanzaba sin ruido y comenzaba a mostrar sus primeras consecuencias.
El golpe
Las primeras señales fuertes aparecieron en el sur del país. En regiones como Arequipa, lluvias intensas activaron torrenteras y provocaron deslizamientos de lodo y piedras. En algunos puntos, las precipitaciones alcanzaron registros de más de 30 milímetros en menos de una hora, suficiente para generar inundaciones repentinas y afectar viviendas y carreteras.
El impacto no se limita a las ciudades. Las zonas agrícolas también enfrentan dificultades. Cambios bruscos en el régimen de lluvias alteran las campañas agrícolas y afectan el crecimiento de cultivos. La escasez de precipitaciones en algunas áreas de la sierra ha retrasado siembras y pone en riesgo la producción agropecuaria, una situación que también compromete la alimentación del ganado y la economía de muchas familias rurales.
A todo ello se suma el calor. En varias regiones del sur se han registrado temperaturas superiores a lo habitual para la temporada. En ciudades costeras se reportaron valores que superan los 32 grados, una cifra poco frecuente para esas zonas. Aunque el sol intenso suele verse como una molestia menor, en realidad refleja el cambio climático que acompaña al fenómeno y que altera el equilibrio del sistema atmosférico.

Consejo experto
Frente a este escenario, los especialistas insisten en la prevención. El Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología del Perú recomienda mantenerse atentos a los reportes oficiales sobre lluvias, temperaturas y alertas meteorológicas. La información climática actualizada permite anticipar posibles huaicos, inundaciones o tormentas que puedan afectar a comunidades y ciudades.
Las autoridades también aconsejan revisar viviendas y sistemas de drenaje. Limpiar techos, canaletas y desagües ayuda a evitar acumulaciones de agua durante lluvias intensas. En zonas cercanas a quebradas o ríos, se sugiere identificar rutas de evacuación y evitar construcciones en áreas de alto riesgo.
Otro punto clave consiste en la preparación comunitaria. Los organismos de defensa civil recomiendan contar con mochilas de emergencia, reservas de agua y alimentos no perecibles. También resulta fundamental conocer los puntos de refugio y los canales oficiales de comunicación en caso de evacuación.
Círculo sin fin
Cada episodio de El Niño deja la misma sensación: el país vuelve a enfrentar un problema conocido sin haber resuelto las debilidades estructurales que lo agravan. Carreteras vulnerables, sistemas de drenaje insuficientes y asentamientos humanos ubicados en zonas de riesgo amplifican el impacto de las lluvias y los huaicos.
La experiencia muestra que la prevención no depende solo de alertas climáticas. También exige infraestructura sólida, planes de emergencia claros y equipos de respuesta preparados. Socorristas, maquinaria, rutas de evacuación y obras de contención pueden marcar la diferencia entre una emergencia controlada y una tragedia. Mientras esas tareas sigan pendientes, cada nuevo episodio de El Niño recordará que el país enfrenta un fenómeno natural que, pese a repetirse durante décadas, aún lo sorprende.

De: Rodrigo Huertas






