Abrir una bodega siempre ha sido el sueño de muchas familias peruanas para salir adelante. Sin embargo, este 2025 ese sueño se ha convertido en una pesadilla.
El negocio ya no rinde
Para muchos bodegueros, la situación es insoportable. Los delincuentes piden pagos diarios que van desde los 5 hasta los 20 soles. Parece poco, pero al final del mes, ese dinero es casi la mitad de lo que el bodeguero gana para mantener a su familia.

En distritos como San Juan de Lurigancho o en el norte del país, 12 de cada 100 bodegas han tenido que bajar sus persianas. No cerraron porque les fuera mal en las ventas, sino por miedo a las amenazas contra sus vidas.
Los números de la crisis

Un problema que nos toca a todos
Cuando una bodega cierra, el barrio pierde. Pierde el vecino que compraba a diario y pierde la familia que trabajaba ahí desde temprano. Lo más triste es que, mientras los políticos están en campaña, los dueños de los negocios se sienten solos y desprotegidos.
El mensaje de los comerciantes es claro: necesitan seguridad ahora, antes de que más esquinas de nuestra ciudad se queden a oscuras y con las rejas cerradas con candado.
De: Silvana Yaya







