
La Autoridad de Transporte Urbano para Lima y Callao (ATU) presentó el nuevo Plan de Movilidad Urbana (PMU), una hoja de ruta que proyecta el desarrollo del transporte metropolitano hasta el año 2045. La propuesta apunta a ordenar un sistema históricamente fragmentado y a responder a una ciudad que creció de manera acelerada, con tiempos de viaje extensos y marcadas desigualdades en el acceso a oportunidades.
El plan plantea un cambio de enfoque: priorizar el transporte público de alta capacidad, articular los distintos modos de desplazamiento y replantear la relación entre movilidad y desarrollo urbano. La meta es reducir la dependencia del automóvil y del transporte informal, mientras se construye una red integrada que conecte de forma más equitativa a Lima y el Callao.
Bajo tierra
Uno de los pilares del nuevo plan es la expansión del sistema de metro como eje estructurante del transporte masivo. La propuesta contempla una red de nueve líneas de metro hacia el 2045, diseñada para cubrir no solo el núcleo central de la ciudad, sino también los distritos de mayor crecimiento poblacional en Lima Norte, Lima Este, Lima Sur y el Callao.
A diferencia de esquemas anteriores, esta red responde a la distribución actual de la población y a los principales destinos de viaje. Las nuevas líneas buscan corregir la concentración histórica del transporte ferroviario en pocos corredores y extender su alcance hacia zonas que hoy dependen de servicios precarios y enfrentan trayectos prolongados para llegar a centros de trabajo o estudio.
Dentro de esta malla subterránea, la Línea 2 cumple el rol de primer gran eje transversal este-oeste, mientras el plan proyecta otras líneas que refuercen la conectividad norte-sur y articulen centralidades emergentes. El objetivo es que el metro deje de funcionar de forma aislada y se consolide como la columna vertebral de una movilidad más eficiente y equilibrada.

Interconexión
El PMU no se limita a sumar infraestructura, sino que apuesta por la articulación de todo el sistema de transporte. La propuesta plantea una integración física, operativa y tarifaria entre el metro, los corredores complementarios, los servicios alimentadores y otros modos de desplazamiento, con el fin de facilitar los trasbordos y acortar los tiempos de viaje.
En ese esquema aparecen soluciones adaptadas a territorios específicos, como los teleféricos urbanos, pensados para conectar zonas de ladera y áreas periféricas con los ejes principales de transporte. Estas infraestructuras permitirían reducir distancias en sectores históricamente desconectados y ampliar el acceso al sistema masivo.
La interconexión también incorpora a la movilidad activa. El plan reconoce la necesidad de vincular ciclovías y recorridos peatonales con estaciones y paraderos, para ampliar las opciones de desplazamiento y avanzar hacia un modelo urbano menos dependiente del vehículo privado.
El reto
Pensar la movilidad al 2045 implica enfrentar desafíos de largo plazo. El principal es el financiamiento sostenido de un sistema que requiere inversiones constantes y continuidad más allá de los cambios de gestión. Sin una estrategia financiera estable, existe el riesgo de que la red proyectada avance de forma parcial.
Otro desafío clave es la gobernanza. La implementación del plan exige coordinación entre la ATU, los gobiernos locales y otras entidades del Estado, así como una planificación que se mantenga en el tiempo. A ello se suma la necesidad de adaptar la ciudad a una lógica menos centralista, con nuevas centralidades conectadas y una distribución más equilibrada de oportunidades.
El nuevo plan traza una visión ambiciosa para Lima y el Callao. La pregunta que queda abierta es si la ciudad logrará sostener esa mirada de largo plazo y convertirla en una movilidad más justa, eficiente y accesible para millones de personas.
De: Rodrigo Huertas






