
La madrugada del 30 de agosto, Trujillo volvió a quedar frente a una escena que resume la crisis de seguridad. Cuatro personas fueron asesinadas y el empresario Jenss Marty Lara Tantaquilla fue secuestrado por sujetos que simularon ser policías. Días después, las capturas, las versiones sobre el rescate y nuevas imágenes abrieron más interrogantes que respuestas.
Una noche de terror
El ataque ocurrió en la avenida Húsares de Junín. Un grupo de hombres interceptó la camioneta en la que viajaba Lara y sus acompañantes. Los sujetos utilizaron una camioneta con una placa policial y actuaron como agentes de la Policía Nacional.
La intervención terminó con el asesinato de Christopher Eduardo García Álvarez, Luis Alberto Rojas Ramos, Farhad Andrea Monzón Lingán y Nadia Edith Urtecho Rodríguez. Lara quedó con vida y fue llevado por los atacantes.
La Policía atribuyó el secuestro a Los Pulpos, pero la investigación también colocó a La Jauría dentro del escenario. La hipótesis policial sostiene que Lara habría dejado la protección de Los Pulpos para recurrir a integrantes de esta última organización.
El caso, así, no solo expone un secuestro. También muestra una disputa entre estructuras criminales que tendría conexiones con actividades relacionadas con el comercio de oro en Pataz.
El empresario
El perfil de Lara también forma parte de la investigación. El empresario tenía antecedentes de indagaciones relacionadas con el comercio de oro y su entorno familiar apareció en investigaciones por presuntos vínculos con minería ilegal.
Ese contexto convirtió su secuestro en un caso más complejo. Sin embargo, todavía no existe base suficiente para afirmar que el crimen ocurrió por una disputa específica dentro de la minería ilegal.
La pregunta queda abierta: ¿Lara fue elegido por su patrimonio o el secuestro formó parte de una disputa mayor por negocios vinculados al oro?

Las primeras capturas
Pocas horas después del crimen, la PNP anunció la captura de cinco presuntos integrantes de Los Pulpos. Posteriormente, aparecieron nuevos intervenidos, vehículos y teléfonos que ampliaron la investigación.
El problema surgió con las primeras identificaciones. Las imágenes del ataque mostraron a hombres cuyas características físicas no coincidirían plenamente con algunos de los detenidos. Las autoridades realizaron pericias, entre ellas evaluaciones antropométricas, para establecer su nivel de participación.
Pertenecer a Los Pulpos no equivale, por sí solo, a ser uno de los autores materiales. La investigación deberá determinar quiénes ejecutaron el ataque y qué función cumplió cada involucrado.
Un rescate bajo dudas
La liberación de Lara abrió otra contradicción. En un primer momento, la versión oficial puso énfasis en la acción policial. Después apareció información sobre una entrega de dinero para conseguir la libertad del empresario.
El ministro de Defensa confirmó que existió una entrega de dinero relacionada con la liberación, mientras el padre de Lara negó inicialmente que la familia hubiera pagado un rescate. Más tarde, investigaciones periodísticas señalaron que la suma habría alcanzado los US$2,5 millones.
Si hubo un pago, ¿quién negoció? ¿Quién entregó el dinero? ¿La Policía conoció la operación antes de la liberación? La información pública todavía no permite cerrar todas esas preguntas.
Una placa clonada
Los delincuentes utilizaron la placa EPF-176, registrada a nombre de la Policía Nacional. La institución sostuvo que se trataba de una placa clonada y que la camioneta utilizada por los atacantes no pertenecía a la Policía.
El recurso permitió simular un operativo oficial y reducir la posibilidad de resistencia de las víctimas. Pero también deja otra interrogante: ¿cómo llegó una identificación policial a manos de una organización criminal?
Las nuevas imágenes
Nuevas imágenes difundidas esta semana muestran movimientos previos al ataque y permiten reconstruir parte de la ruta de los involucrados. Las grabaciones pueden ayudar a determinar si el secuestro tuvo una planificación previa.
La hipótesis policial apunta en esa dirección. Las autoridades sostienen que la operación pudo prepararse durante semanas y que existieron coordinaciones antes del 30 de agosto.
Una policía cuestionada
Óscar Arriola dejó la Comandancia General de la PNP después de una gestión marcada por cuestionamientos sobre la respuesta estatal frente al avance del crimen organizado. Su salida, sin embargo, no resuelve por sí sola el problema.
El caso expone algo más amplio: organizaciones criminales con capacidad logística, acceso a información y recursos pudieron ejecutar un secuestro en plena ciudad, utilizar una identificación policial falsa y asesinar a cuatro personas.
La pregunta ya no es solo quién disparó. También es cómo una organización criminal consigue operar con semejante capacidad.

El problema de fondo
El caso Lara reúne demasiadas piezas: un empresario bajo investigación por actividades relacionadas con el oro, dos organizaciones criminales dentro de la hipótesis policial, un secuestro ejecutado por falsos policías, cuatro asesinatos, una placa clonada, primeras capturas bajo revisión, versiones distintas sobre el rescate y nuevas imágenes que todavía pueden modificar la reconstrucción de los hechos.
Cada pieza abre otra pregunta. Y mientras la investigación continúa, Trujillo queda frente a una evidencia difícil de ignorar: el crimen organizado no solo puede matar, secuestrar y extorsionar. También puede utilizar símbolos de autoridad para hacerlo.






