
Cada temporada, la sierra enfrenta un ciclo que ya es conocido para ellos: el regreso de las lluvias. Noviembre marca el inicio, enero trae la intensidad y febrero anuncia el desborde, un ciclo que se repite año tras año y que está ligado al clima andino, pero algo cambió en los últimos años. Las lluvias ya no solo forman parte de la vida rural, sino que se convirtieron en un fenómeno que amenaza y afecta a miles de familias, desborda infraestructuras y evidencia la fragilidad del territorio andino frente a una crisis climática que avanza sin control.
Según cifras recopiladas por Diario La Otra Cara, entre diciembre del año pasado y marzo del presente, estas precipitaciones dejaron más de 168, 000 personas afectadas en todo el país, alrededor de 50, 000 damnificados y más de 19, 000 familias que perdieron viviendas, cultivos o formas de subsistir. Estos números nos demuestran la emergencia silenciosa que se vive en la zona rural del Perú, y que cada verano vuelve a tener los mismos escenarios: huaicos que destruyen todo a su paso, caminos interrumpidos y puentes que ceden ante la imparable naturaleza.
En un informe del Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres (CENEPRED) de este año, se registró más de 3, 600 eventos peligrosos asociados a lluvias, huaicos, inundaciones y deslizamientos, además de que estimó que 3, 448 353 personas a nivel nacional se encuentran en riesgo “muy alto” ante estos tipos de eventos. Mientras que por el lado de infraestructuras, se prevé que más de un millón de viviendas, así como cientos de establecimientos de salud y escuelas se encuentran en situación de riesgo “alto” por la posible ocurrencia de eventos naturales.
Por ello, en muchos hogares de Huancavelica, Áncash o Puno, la lluvia no suena como un alivio para las cosechas, sino como un aviso de estar alertas ante posibles eventos que puedan representar un peligro.
Las recomendaciones a seguir
La institución encargada, SENAMHI, proporciona recomendaciones precisas como el aseguramiento de techos livianos, limpiar las canaletas y desagües antes de cada lluvia, evitar cruzar ríos crecidos y estar atento a los canales oficiales.
Sin embargo; estas advertencias no siempre llegan a tiempo, pues en muchas comunidades la señal se corta cuando más se necesita por descargas eléctricas, por lo que las alertas deben transmitirse de boca en boca lo que reduce drásticamente el éxito de circulación.
La preparación es necesaria
La temporada de lluvias y eventos relacionados en la sierra es más que un ciclo meteorológico, ahora es una prueba a superar para esta región. Cada huaico, inundación o deslizamiento recuerda que la crisis climática no anuncia, solo alcanza.
Las advertencias del SENAMHI son claras: las lluvias extremas seguirán intensificándose, y los daños serán mayores si no fortalecemos la infraestructura, sistemas de alerta y educación comunitaria. Es necesario planificar, reconstruir y actuar con una claridad que hasta ahora ha faltado.
La sierra no quiere más promesas, necesita obras, prevención, organización y, sobre todo, un país que entienda que el agua que cae del cielo no solo riega la tierra, sino que también revela todas las vulnerabilidades.
De: Piero Aponte






