La Superintendencia Nacional de Educación Superior Universitaria (Sunedu) tomó la decisión de prolongar el bachillerato automático para todos los estudiantes universitarios y egresados hasta el 31 de diciembre de 2024. Esta medida, adoptada por unanimidad por el Consejo Directivo de la institución, responde a los problemas que surgen en la implementación de la Ley N° 31803, que modificó la Ley Universitaria en junio de 2023.  

Según la resolución N° 0029-2024 emitida por Sunedu, la extensión del bachillerato automático proporciona un período de adecuación a las universidades e institutos superiores que aún no cumplen con incluir un curso de trabajo de investigación en su malla curricular, un requisito esencial para la obtención del grado de bachiller según la nueva ley. Un informe de la Oficina de Asesoría Jurídica de Sunedu indica que, desde la entrada en vigor de la Ley N° 31803, se presentaron problemas para su ejecución. Muchos centros educativos no cumplen con la obligación de incluir el curso de trabajo de investigación en sus planes de estudio. 

La ley establece que, para obtener el grado académico de bachiller, los estudiantes deben aprobar los estudios de pregrado, demostrar conocimiento de un idioma extranjero y cursar una asignatura de trabajo de investigación en el último semestre de sus estudios. Sin embargo, la falta de implementación de este requisito causa inconvenientes para los estudiantes, quienes no pueden obtener su grado de bachiller o inscribirlo en el Registro Nacional de Grados y Títulos. 

Hasta finales de 2024, aquellos estudiantes y egresados que acreditaron cursar el trabajo de investigación, o su equivalente, podrán acceder al bachillerato. A partir de enero de 2025, Sunedu supervisará que las universidades públicas y privadas ajusten sus planes de estudio de acuerdo con las disposiciones de la Ley N° 31803. 

Es relevante mencionar que la norma también establece que el licenciamiento universitario será permanente y que la modalidad de educación a distancia cubrirá hasta el 100% de los créditos universitarios, siempre que se utilicen Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) certificadas. Además, se implementarán evaluaciones periódicas para garantizar la calidad educativa y la transparencia en el uso de recursos públicos. 

Sunedu se compromete a realizar auditorías públicas cada tres años para verificar el cumplimiento de las condiciones básicas de calidad y establecer un sistema de alerta temprana que permita identificar y corregir posibles incumplimientos en las universidades. Esta extensión del bachillerato automático es un paso importante para asegurar que los estudiantes no sean perjudicados mientras se implementan las modificaciones necesarias en las instituciones de educación superior. 

¿Un atajo o un riesgo para la calidad educativa? 

Jose Ramos Laos, estudiante destacado de la Universidad Nacional Federico Villarreal, reconoce la complejidad del tema y advierte que, al extender el bachillerato automático, se corre el riesgo de que las universidades adopten una postura complaciente y se descuide la implementación efectiva de los cambios exigidos por la Ley N° 31803. Este escenario podría resultar en una preparación insuficiente de los estudiantes para enfrentar los desafíos del mundo laboral, dado que el curso de trabajo de investigación es esencial para el desarrollo de habilidades críticas. Además, subraya que algunos estudiantes podrían volverse indiferentes y eludir la responsabilidad de cumplir con los nuevos requisitos establecidos. 

 “La formación que recibimos es fundamental. Obtener un título no debería ser meramente una formalidad; debe reflejar un verdadero proceso de aprendizaje y desarrollo de competencias”, añade. Al abordar los pros y contras de esta medida, el representante estudiantil señala que, por un lado, el bachillerato automático podría beneficiar a muchos estudiantes que, por diversas razones, no pudieron cumplir con los requisitos tradicionales durante la crisis sanitaria. “Entiendo que hay estudiantes que fueron afectados por la pandemia y que requieren alternativas más flexibles para acceder a sus títulos”, explica. 

Sin embargo, también advierte sobre los riesgos asociados. “La facilidad para obtener el grado bachiller puede llevar a una disminución en la exigencia académica. Si no se respeta el rigor necesario, ¿cómo podemos garantizar que los futuros profesionales estén realmente preparados para enfrentar los desafíos del mercado laboral?”, cuestiona. 

Ramos Laos también hace un llamado a la reflexión sobre el rol de la universidad como institución formadora. “La universidad debe ser un espacio donde se promueva la investigación y la excelencia académica. La educación no es solo una cuestión de titularse, sino de adquirir un conjunto de competencias que nos permitan destacar en nuestras respectivas carreras”, sostiene. Según él, el bachillerato automático podría desvirtuar este propósito fundamental.

Por: Milagros Calvay

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