El FC Barcelona y el Real Madrid ofrecieron un clásico intenso y cambiante en la final de la Supercopa de España 2026, disputada en el King Abdullah Sports City de Yidda. El conjunto azulgrana golpeó primero con una presión alta que incomodó la salida blanca y encontró premio temprano gracias a la movilidad de sus extremos. Barcelona logró imponerse en los duelos individuales y aprovechó mejor los espacios en transición, una constante durante el primer tiempo.
El complemento mantuvo la tensión hasta el final. Real Madrid reaccionó con empuje y logró acercarse en el marcador, pero cada intento encontró respuesta en un Barcelona más ordenado en los momentos clave. El 3-2 final reflejó un partido abierto, con errores defensivos en ambos lados, pero con mayor eficacia blaugrana en las áreas, un factor decisivo para levantar el título.
La figura
Raphinha fue el nombre propio de la final. El extremo brasileño firmó un doblete en una noche consagratoria, desequilibró por banda y se mostró imparable en el uno contra uno. Su lectura del partido fue clave para explotar las falencias defensivas del rival, especialmente cuando Barcelona apostó por ataques rápidos y directos.
El rendimiento del brasileño reabrió el debate sobre su valoración a nivel individual. Más allá del ruido mediático que rodea al Balón de Oro, actuaciones como la de Yidda refuerzan la idea de que Raphinha mereció mayor consideración entre los mejores del año. En finales de alto voltaje, su impacto volvió a marcar la diferencia.

Rey muerto, rey puesto
La derrota expuso el momento irregular del Real Madrid. El equipo mostró desajustes colectivos y una falta de claridad en el mediocampo, una zona que no logró recomponerse tras la salida de Toni Kroos. La transición defensiva fue uno de los puntos más vulnerables, especialmente ante un rival que atacó con velocidad y precisión.
En ataque, la sociedad entre Kylian Mbappé y Vinícius Júnior todavía no termina de consolidarse. El golpe de la final aceleró las decisiones en la interna del club: Xabi Alonso fue despedido tras la derrota y la directiva apostó por Álvaro Arbeloa como nuevo director técnico. Un cambio que marca el inicio de una nueva etapa y confirma que, en el Real Madrid, los ciclos se cierran rápido cuando los resultados no acompañan. El mensaje es claro: el reinado no se hereda, se construye, y el Barcelona volvió a ocupar el trono.

De: Rodrigo Huertas







